Era Merética, guerra de dragones.
El temible dominio de los dragones llegaría a su fin pronto, los sacerdotes dragón que habían gobernado con mano dura, estaban siendo asesinados uno a uno por los hombres.
Las razas inferiores se habían rebelado contra los dragones y tal acto no podía permitirse, por ello, Alduin ordenó a sus hermanos, llevar la muerte a aquellos que se habían alzado y no mostrar piedad alguna, ya que ellos eran los descendientes de Akatosh y por tanto, su divinidad era absoluta así como su dominio. Entre los dragones llamados a la batalla, se encontraba Leviatán, un poderoso dragón, el primer dragón legendario, cuyo thu'um, quedaba muy cerca al de Alduin. Leviatán gobernaba sobre lo que se conocería más adelante como Ciénaga Negra, Morrowind y una de sus islas, Solstheim, gobernada por Miraak, un sacerdote dragón.
Leviatán no tenía piedad con ninguna raza inferior, reducía todo a cenizas, o congelaba todo en instantes, la ferocidad de Leviatán era tal, que hasta sus propios hermanos le temían, su thu'um podía detener hasta el tiempo mismo, o convocar poderosas tormentas eléctricas.
Pero a pesar de su poder, no pudo evitar la rebelión en su tierra también, y un grupo de valientes (o inconscientes) decidieron plantarle cara e intentar darle muerte.
-¡Aquí acaba tu reinado Leviatán! -gritó el líder del grupo.
Leviatán no hizo ni gesto de preocupación, ni siquiera se preparó para pelear, sabía que de un solo thu'um, esos hombres quedarían reducidos a cenizas.
-Siento vuestro miedo... ¡Criaturas patéticas, vosotros no fuisteis creados para dominar, solo para ser dominados, volved a vuestro hogar y se os permitirá vivir, permaneced aquí, y lo perdereis todo!
Los soldados decidieron mantenerse firmes a pesar del temor que provocaba el poderoso dragón, Leviatán, al ver que los soldados no retrocedían, decidió darles una lección. Desplegó sus alas y se marchó del lugar. Sobrevoló los cielos y destruyó todos los asentamientos a su paso para después regresar a su guarida y expulsar a los soldados de su morada. El castigo por la rebeldía, no recaía sobre los rebeldes, sino en su gente. Leviatán era cruel y disfrutaba con ello. De este modo, cualquier intento de rebelión era sofocado facilmente y así logró que su dominio no se debilitara en ningún momento.
Leviatán recibió noticias de Solstheim, y de un sacerdote dragón que había aprendido a absorber las almas de los dragones para incrementar su poder. Tal conocimiento solo podía haber sido otorgado por un daedra y más específicamente por Herma-Mora. Los dragones odiaban a los daedras y que un sacerdote dragón se hubiera unido a un daedra no tenía perdón, Leviatán ordenó a sus hermanos que destruyeran el templo de Miraak y que le dieran muerte, pero esto último no pudo hacerse, ya que el daedra, lo llevó a un lugar seguro.
Leviatán también mató a los dragones que Miraak había subyugado, por tener tan poca voluntad como para no poder resistirse a su poder.
El dominio de Alduin se establecería pronto, y con él una nueva era gloriosa... O eso pensaban los dragones.
De algún modo, los hombres expulsaron del tiempo a Alduin y con su desaparición los dragones quedaron sin un líder al que seguir y fueron ocultándose o fueron cazados en las eras posteriores por los cuchillas y otros guerreros. Muchos intentaron dar caza a Leviatán pero su intento siempre fue en vano.
A pesar de la formación de imperios de los hombres y los mer, la aparición de grandes ejércitos y armadas, Leviatán sigió sintiéndose dueño de su territorio, al que protegería de cualquier amenaza:
Ciénaga Negra se vería inmersa en una crisis, de la que apenas quedan registros.
Un poderoso hechicero había levantado a miles de muertos de sus tumbas para llevar a cabo una conquista en Ciénaga Negra y más adelante, de toda Tamriel.
El poderoso dragón sintió la presencia de una poderosa magia de conjuración más similar a la energía daédrica.
No había nada que Leviatán odiara más que a los daedras y sus siervos. Alzó el vuelo y se dirigió a la tierra de los argonianos, con los cuales mantenía una alianza en caso de un intento de invasión daédrica.
Los ejércitos no muertos habían arrasado la mayoría de los asentamientos y continuaban avanzando hasta las últimas fortalezas que resistían los ataques.
Leviatán contempló el inmenso ejército de muertos vivientes, al que arrasó usando su thu'um e invocando una poderosa tormenta.
Los soldados argonianos, salieron de sus fortalezas y remataron a los últimos zombies.
-¡Maldito dragón! ¡Tu dominio ha llegado a su fin! ¿Por qué te interpones en mi camino? -gritó el hechicero.
Leviatán descendió hasta el suelo.
-Tu poder proviene de Oblivion y todo aquel que intenta dominar los poderes de Oblivion merece la destrucción y yo seré el que lleve a cabo tan agradable tarea.
El hechicero preparó una poderosa custodia para protegerse de los temibles poderes de Leviatán, aunque no conocía cómo de grande era su poder, luchar contra un dragón no sería fácil.
Leviatán usó su thu'um y se volvió etéreo, por lo cual, los ataques del hechicero eran inútiles.
El hechicero fue un bocado delicioso para el dragón, que regresó a su guarida para descansar.
Leviatán sabía que Alduin volvería, que lo habían echado del tiempo pero regresaría en el futuro, hasta entonces, lo estaría esperando pacientemente.
Las eras fueron pasando, nuevos imperios se forjaron, nuevas batallas sucedieron, especies de mer desaparecieron por completo, otras mutaron pero Leviatán siempre estuvo atento, en silencio...
La crisis de Oblivion fue una oportunidad para que volviera a la acción tras siglos de tranquilidad.
Si Morrowind sobrevivió a la crisis de Oblivion, no fue por un poderoso ejército o por el gobierno, no, fue Leviatán el que contuvo la invasión daédrica y destruyó los portales que encontraba en su territorio, ya que él seguía sintiendo este como su territorio, su hogar y lo protegería de cualquier amenaza con su vida.
La crisis de Oblivion finalizó y comenzó la cuarta era... Leviatán sentía que el regreso de Alduin estaba cerca, y con cada década que transcurría, más cerca sentía a su líder. Los mer y los hombres se mataban en una guerra de grandes proporciones, y tras ésta, hermanos dabanse muerte entre ellos.
El momento había llegado. Alduin regresó y alzó a miles de dragones para terminar lo que comenzó milenios atrás pero fracasó. Sangre de dragón lo derrotó, quizás el sangre de dragón más poderoso de todos los tiempos, su thu'um había superado al de Alduin, había viajado al más allá y había regresado, había obtenido el dominio de los conocimientos de los daedras y había detenido la guerra civil de Skyrim. Y ahora se dedicaba a cazar dragones, aprovechando las enseñanzas de los barbas grises y los soldados de los cuchillas.
Había un olor extraño aquel día en la guarida de Leviatán... Una mezcla entre dragón y humano... El sangre de dragón había venido a por él.